Nueva York quiere multar a los restaurantes que echen sal en los platos.
Prohibir funciona mejor que concienciar. O así lo cree Félix Ortiz, salado miembro de la administración de Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York, que quiere eliminar el cloruro sódico de las cocinas de los restaurantes.
Si la propuesta que presentó Ortiz el pasado 5 de marzo prospera, “ningún propietario o administrador de restaurante del Estado podrá usar sal en la preparación de cualquier clase de plato que vaya a ser consumido dentro o fuera del local”.
Es más, si lo hacen, señala el proyecto de ley A10129, serán castigados con una multa de 1.000 dólares (726 euros). Lo que no aclara el papel, al menos de momento, es cómo se va a comprobar si la comida está lo suficientemente sosa. Y más teniendo en cuenta que los saleros podrán seguir en las mesas.
Ortiz, que en febrero también exigió poner fin a los anuncios de alcohol durante las retransmisiones deportivas, asegura en varios medios que reducir la cantidad de sal en las comidas podría evitar más de 100.000 muertes en la Gran Manzana.
Pero a los restauradores y cocineros de la ciudad la cifra no les parece motivo suficiente para alterar el sabor de sus creaciones culinarias. De hecho, consideran que la propuesta es totalmente “absurda” y dicen estar “hartos” de que la Administración les diga lo que tienen que servir. “La gente tiene que tomar este tipo de medidas en casa”, insiste la coalición de restauradores, cocineros y consumidores My Food, My Choice, que invita a los internautas a firmar una petición para “salvar la increíble y diversa cocina neoyorquina y proteger el derecho de los consumidores a elegir su comida.”
Ortiz se defiende argumentando que la comida preparada lleva hasta tres veces más sal de la necesaria. “Mi intención con esta propuesta era prohibir el uso de sal como aditivo. Si el cloruro sódico es un componente funcional de una receta, por supuesto, tiene que utilizarse. Pero cuando los platos preparados por los restaurantes acumulan cantidades innecesarias de sal, tenemos un problema”, insiste.
La polémica está servida. Algunos bloggers y columnistas ya han señalado que la prohibición de salar no sólo es una acción equivocada sino “un abuso legislativo”.
Fuente: La vanguardia








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