Tras una vida dedicada a las vacas, este ganadero ha apostado por un nuevo producto en el que ha invertido esfuerzos y ahorros. Y ha dado un nuevo nombre a su empresa, que de Ramaderia Mont ha pasado a llamarse La Búfala del Empordà.
Impresiona pasear entre ellas mientras te observan con sus ojos vidriosos bajo gruesos cuernos retorcidos. Pueden llegar a pesar hasta 800 kilos y es emocionante verlas chapotear en una charca con una garza blanca aposentada en su lomo. Una escena digna de Memorias de Àfrica que transcurre a 160 kilómetros de Barcelona, en el parque natural de los Aiguamolls de l’Empordà, donde un ganadero inquieto ha puesto en marcha la única explotación de búfalas que existe en Catalunya. Un proyecto que comenzó la pasada primavera y que ya está produciendo 1.000 litros diarios de leche. Con un poco de suerte, el próximo verano llevará a los mercados la primera mozarela de búfala elaborada en nuestro país.
Lluís Mont no puede ocultar su satisfacción cuando muestra su ganado a los visitantes. Ha dedicado muchos meses de trabajo y esfuerzo para hacer su sueño realidad. Una idea que surgió tras un viaje a Italia, en el que constató el éxito de las explotaciones de búfalas. «Siempre he tenido vacas, y hacía tiempo que pensaba que había que buscar una alternativa, porque hay mucha competencia y porque las ayudas europeas al sector se están acabando», explica.
El pasado mes de marzo trajo el primer grupo de 50 ejemplares, y tras comprobar que su adaptación era buena, ha ido aumentando el rebaño, hasta sumar 700 cabezas, algunas de las cuales han llegado hace tan solo unos días. Mont ha sustituido todas sus vacas por estos animales, que son búfalas de agua originarias de Asia, en su mayoría de la raza Murrah, aunque las ha comprado en Italia y Bulgaria. «He tenido que hacer una gran inversión, ya que cada animal puede llegar a costar unos 2.000 euros. Además de los proyectos y los visados, hemos construido una planta que nos permite ordeñar a 20 búfalas a la vez. Es mucho dinero y tardé casi medio año en convencer a los bancos para que nos dieran crédito», recuerda.
Lluís Mont cuenta con la ayuda de sus dos hijos, Lluís (de 27 años) y Pol (de 18), que está estudiando formación profesional agropecuaria en Les Borges Blanques (Garrigues) y que la próxima primavera realizará un curso en una granja de Italia para aprender todos los secretos de la fabricación de la mozarela.
Quesos artesanos.
Mientras tanto, la familia Mont vende los 1.000 litros de leche que le proporcionan cada día los 150 animales que ya han entrado en el proceso de producción. Sus principales clientes son un par de empresas, entre ellas la compañía Mont-brú, especializada en la elaboración de quesos artesanales. Dos restaurantes ampurdaneses también adquieren algunos litros para cocinar suculentas cremas.
«La leche de búfala tiene casi el triple de grasa que la leche de vaca y el doble de proteínas. Con 100 litros de leche de vaca se pueden elaborar entre 15 y 17 kilos de queso, mientras que con la misma cantidad de leche de búfala se pueden fabricar entre 27 y 30 kilos», detalla Mont. Por eso su leche es tan apreciada y su precio en el mercado cuadruplica el del ganado vacuno.
Las previsiones del ganadero apuntan a que la próxima primavera la producción de leche de su explotación ronde los 4.000 litros diarios. Estas cantidades le permitirían elaborar entre 1.000 y 1.200 kilos de mozarela cada día.
Otro producto de calidad es el que procede de su carne que, según asegura este ganadero emprendedor, contiene un tercio menos de colesterol que la de ternera. «El problema que tenemos es que esta carne apenas se consume en Catalunya porque no es conocida. Por eso hemos firmado un acuerdo con empresas italianas para comercializarla en ese país», precisa.
«Mejores que las vacas»
La familia Mont ve con optimismo el futuro. La adaptación de las búfalas en tres fincas de Palau-Savardera, Sant Pere Pescador y El Port de la Selva (en el Alt Empordà) ha sido todo un éxito. «Son animales dóciles y robustos, que no dan problemas. Son mucho mejores que las vacas», afirma el padre. Una perspectiva prometedora que se ve momentáneamente truncada por una llamada inesperada, en la que le comunican que tiene en curso una inspección de Hacienda. «¡Apenas hemos empezado a trabajar y ya nos están pidiendo dinero!», exclama el ganadero.
Fuente: El periódico









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